
San Agustín clamaba: “Señor, dadme la castidad, pero no ahora.”
Góngora, que de pecar sabía lo suyo, ya de sacerdote, se quejaba en romancillo:
“Váyanse las noches,
váyanse y no vean
tanta soledad,
después que en mi lecho
sobra la mitad.”
Dios no hace nunca el amor. No tiene con quién. Está solo. Por los siglos de los siglos...
Góngora, que de pecar sabía lo suyo, ya de sacerdote, se quejaba en romancillo:
“Váyanse las noches,
váyanse y no vean
tanta soledad,
después que en mi lecho
sobra la mitad.”
Dios no hace nunca el amor. No tiene con quién. Está solo. Por los siglos de los siglos...
