
De madrugada, unos minutos después de quedarse a solas, él mandó a ella un mensaje de texto:
-Confundiste mi gesto de cariño y giraste la cabeza para ofrecer, tan solo, tu mejilla.
Ella contestó en cosa de segundos:
-Mi mejilla estaba deseosa de cariño. Te acercaste y ella sola se ofreció a recibirlo.
El hombre cerró los ojos para pensar en ella y preguntarse: ¿ternura o deseo?
La mujer, ya a oscuras, se durmió pensando: ¿deseo o terneza de amigo?
( fotos cortesía de una amiga que piensa con su frente fruncida )



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